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AUTOAYUDA: Cómo librarte de la mujer de tu vida (Secuencia 02)

31/05/2016 05:36 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Aunque te estés ahogando, relájate, piensa y encontrarás un salvavidas. En caso contrario… ¡buen viaje de retorno a la nada, amigo!

Enlace a la Secuencia 01

 Por E.J. Lopson

Esa frase era una de tantas de las que Charly había leído en libros de autoayuda.

Aquella mañana, todo estaba fuera de lugar. Charly ordenó el dormitorio mientras Bimbo interpelaba a Alejandra con pequeños gemidos, combinados con ladridos cortos. A su manera, intentaba preguntarle qué le pasaba, pero no obtenía respuesta y eso le producía desconcierto. Alejandra siempre se había comunicado con él sin ningún problema. Sabía lo que Bimbo quería decirle desde que era un cachorro. Y lo mismo le sucedía a él. Llevaban tiempo juntos. Bimbo se separó de su madre a los dos meses para irse a vivir con Alejandra. Y ella lo había sido todo para él hasta que apareció Charly. ¡Un tío enrollado que jugaba a la pelota! Y eso era lo que más le gustaba a Bimbo. Tanto que, cuando Charly veía un partido en la tele, Bimbo se iba hacia la pantalla con la intención de quitarle la pelota al Ronaldo o Messi de turno. Para calmarlo, Charly tenía que jugar con él mientras veía el encuentro. Sentado en el sofá, le daba patadas a la pelotita del Bimbo que enseguida él devolvía a los pies de su amo para que volviera a lanzársela, no sin antes hacerle un regate para quitársela y tropezando con la mesa de centro. Algo que indignaba a su ama.

Al principio, Alejandra llevaba mal que Bimbo prefiriese la compañía de Charly a la suya. Con el tiempo, asumió que al perro le gustaba la pelota tanto como comer. Su capacidad para jugar hasta agotar a cualquiera era directamente proporcional al fondo de su estómago. Podía comer hasta dolerle la tripa y, aún así, seguir pensando en comida. Seguro que soñaba con pollos, bombones, huesos, gambas… Y es que a Bimbo le gustaban los frutti di mare bien cocinados y también  crudos. Las gambas especialmente. Se moría de envidia cuando se las veía comer a otros. Pero lo mismo le pasaba con los fiambres, el queso, las tostadas. ¡Con todo!

Esa mañana Bimbo se debatía entre su preocupación por Alejandra y sus asuntos personales, o sea, zamparse todo lo que había en el plato de Charly que, al contrario que el perro, no tenía apetito. Bimbo no le quitaba ojo a sus tostadas. Estuvo mirándolas fijamente mientras él se tomaba el café. Y gracias a su constancia consiguió que fueran a parar a su comedero con mantequilla y mermelada incluidas.

Pese a su apetito insaciable, Bimbo estaba inquieto. Era evidente por su ir y venir de la cocina al dormitorio para controlar a Alejandra. Cuando terminó de comérselo todo, se sentó junto a ella en el suelo, en su lado de la cama. La miraba fijamente todo el tiempo, salvo cuando la vista se le iba hacia la bandeja con el desayuno de Alejandra que seguía intacto sobre la mesilla de noche. Bimbo intuía que algo se había descolocado en su mundo sin que pudiera saber de qué se trataba exactamente. Lo único que tenía claro era el buen olor de las tostadas de Alejandra.

Para distraerlo, Charly le dio su chuche favorita, un secreto entre ambos que Alejandra ignoraba.  Ella solo le compraba snacks naturales para perros que cuidaban su nutrición y su salud. Pero la golosina de Charly tenía otro nivel. ¡Nivelazo!, a juzgar por los ojos que ponía Bimbo mientras lo devoraba. Tal vez por eso el perro parecía más unido a Charly que a Alejandra.

¡A los perros y a los tíos se os gana por el estómago! solía decir ella bromeando, aunque quien cocinaba era Charly. Tópicos que ella había oído en su infancia. La madre de Alejandra cocinaba de morirse, según la propia Alejandra cuando ponía pegas a las cenas que Charly le preparaba.

Pero volviendo a Bimbo, su apego a Charly propiciaba que Alejandra se cuestionara su lealtad. Más de una vez lo llamó perro traidor y desleal, mientras Bimbo corría a refugiarse junto a la patita de Charly. Lógicamente, si Bimbo tenía patitas, los humanos no iban a ser distintos, pensaría él.

La teoría de Charly era que, en realidad, son los perros los que adoptan a sus amos que, inevitablemente, se convierten en sus mascotas. Y en esa línea, el imaginario canino no contempla que haya que obedecer a los humanos, y menos aún, recibir sus broncas. Así que, cuando Alejandra increpaba a Bimbo por desleal, él le respondía con ladridos de enfado, un ladrido rítmico y constante, siempre en el mismo tono. Algo que molestaba profundamente a su ama, que lo mandaba callar con ademán de “te la vas a ganar”.

“Esa zorra trepa te va a joder la vida, Charly”

¡Cosas de perros!,  decía Charly mirando a Bimbo con complicidad, mientras el perro corría a su lado, consciente de que esa posición le ofrecía mayor cobertura ante las regañinas de su ama. Demasiados “no, no y no” de Alejandra que a Bimbo le hacían girar la cabeza hacia otra parte, manifestando así su malestar, cuando ella le echaba la bronca.

Antes de salir de casa, Charly entró de nuevo en el dormitorio y permaneció unos segundos contemplando a su novia. Alejandra seguía allí, con su cuerpo inactivo, inerte casi, tapada hasta el cuello con la sábana y el edredón. En el entorno no quedaba rastro alguno de desorden. Como si esa mañana fuera una de tantas de las que suceden a una noche tranquila. La habitación estaba en penumbra. No había nada de Charly a la vista.  Se colgó al hombro la bolsa con el portátil  y con la otra mano tiró del asa extraíble de la maleta Samsonite en la que había metido toda la ropa.

Al ver que se iba, Bimbo cogió su correa de paseo y corrió tras él ladrando con insistencia para llamar su atención. Charly no le hizo caso y Bimbo se puso delante de él cerrándole el paso. Estiró las patas delanteras, levantó sus cuartos traseros y ladró una y otra vez. Lo mismo que hacía cuando jugaban a la pelota en el parque. Charly se agachó y le acarició la cabeza. Bimbo soltó la correa y se puso de pie apoyando sus patitas en los hombros de Charly. Intentó darle un lametón en la cara. ¡Su forma de besar con cariño! Charly lo esquivó y Bimbo no perdió el tiempo. Recogió la correa que acababa de soltar y con ella entre los dientes se interpuso entre Charly y la puerta de la calle, saltando sobre sus patas traseras en un intento desesperado de que se lo llevara con él.

Charly dejó la maleta, fue hacia la cocina y cogió una tableta de chocolate de la nevera. Bimbo soltó la correa y acudió enseguida a la llamada de su amo. No podía resistirse al soborno. Se quedó en el suelo de la cocina totalmente absorto en quitarle la envoltura a su golosina secreta. Charly se fue.

 

 

En mitad de la mañana, la noticia saltaba a un medio digital, OKperiódico, Alejandra Bru, directora de comunicación del Partido Liberal Republicano el PLR, ingresaba en parada cardiorrespiratoria en las urgencias hospitalarias del Gregorio Marañón.

Los colegas de Charly le preguntaron qué había pasado en el grupo de WhatsApp que tenían configurado para sus comunicaciones internas. Charly continuaba siendo miembro del Círculo de activistas sociales, a pesar de trabajar para el Partido Liberal.

Las noticias sobre lo sucedido eran confusas. Uno de sus colegas soltó un exabrupto sobre la chica, refiriéndose a ella como “esa zorra trepa te va a joder la vida, Charly”.

Charly, que deliberadamente no respondía a los mensajes, al leer eso en la pantalla de su móvil, no pudo evitar intervenir en la conversación y llamar “capullo” al que hizo el comentario. Amenazándolo con partirle la cara si volvía a insultar a su novia. Luego salió de la aplicación sin dar ningún tipo de explicaciones sobre lo sucedido. El activista que administraba el grupo de WhatsApp instó a todos a que borrasen inmediatamente esa conversación en sus respectivos móviles. Argumentó que, aunque el programa de mensajería cifraba las comunicaciones de extremo a extremo para que fueran seguras, nada es seguro cuando uno milita en un partido político, y Charly podía salir mal parado de esa conversación.

 

More next week…

La semana que viene, más…


Sobre esta noticia

Autor:
Charly García G. (10 noticias)
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Tipo:
Suceso
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