Nicolás Copérnico nació el 19 de febrero de 1473 en Torún, Polonia. Todos sus antepasados procedían de Silesia.

Quedó huérfano cuando tenía 10 años, quedando a cargo de su tío Lucas Watselrode, quien había de ser el futuro obispo de Ermland. En 1491 lo envió a estudiar a Cracovia. A los 18 años ya era un muchacho bien desarrollado. Le gustaban las ciencias, y cursó astrología, matemáticas, filosofía y astronomía.
Es probable que ya en ese tiempo Copérnico pensara, en la idea imposible, de que la Tierra giraba alrededor del sol. Buscó indicios en todos los textos de filosofía, y para perfeccionar su educación se fue, en 1496, a la Universidad de Bolonia para estudiar derecho canónico. En ese lugar conoció al profesor de astronomía Domingo María de Novara.
Durante mucho tiempo, ambos especularon acerca de la naturaleza del Universo mientras marcaban la posición de la Luna y los planetas visibles. Algunas de estas anotaciones las usaría posteriormente en su libro.
Nunca lo planetas estaban donde deberían según la teoría aceptada, de Tolomeo, y empezó a sospechar, con creciente intranquilidad, que tenía que haber algún error en el sistema.

Pasó un total se diez años en Italia, y cuando volvió a Polonia, en 1506, para ser el secretario y médico del obispo Watzerlode. Copérnico ya era doctor en sagrados cánones, políglota y matemático. En ese tiempo ya circulaba, entre algunos filósofos y científicos, en latín, un texto acerca de su extraordinaria y visionaria concepción del Universo, y aseguraba haberse inspirado en otros cosmógrafos muy antiguos. Copérnico no esperaba convencer a nadie, ya que de ser cierto que la tierra giraba por el espacio las personas no podrían haberse sostenido.
Se alojó en una torre de la catedral, y durante los siguientes 30 años no volvió a salir del lugar, a menos que fueran para asuntos de la iglesia. Cuando se ponía a calcular ya no dejaba de trabajar, buscar ideas, explorar cualquier cosa que estuviese a su alcance para desentrañar el misterio.
En torno a ella se disponían varias esferas de cristal, en las que estaban incrustados los planetas, el Sol y la Luna
Copérnico solo contaba con algunos instrumentos de observación, probablemente construidos por el mismo. Lamentablemente el telescopio se inventaría 65 años después de su muerte.
La concepción que se tenía del cosmos era con la Tierra como el centro del Universo. En torno a ella se disponían varias esferas de cristal, en las que estaban incrustados los planetas, el Sol y la Luna.

Copérnico rechazó la hipótesis de Tolomeo por razones científicas, y decidió compilar un gran catálogo con todos sus detalles matemáticos de los cambios observados.
Era muy difícil demostrar sus novedosas ideas acerca del mundo usando las observaciones anteriores, ya que nada lograba cuadrar. Se tornó mas huraño y solitario. Cada vez las mediciones de los planetas fallaban una y otra vez, y estuvo a punto de dar con la solución, pero no la vio, y con eso se agravó su sentimiento de fracaso.
En 1530 finalizó su gran libro, De revolutionibus orbium coelestium, con muchos mapas y dibujos.
Copérnico sabía que no podía demostrar su teoría, y por eso era muy cauto, por lo tanto no publicó su libro, aunque si, años mas tarde, apareció un resumen del mismo. Fue condenado por los luteranos, pero la iglesia no advirtió, en ese momento, la amenaza de esta obra.
Su teoría destruía demasiadas creencias gastadas en una época de miedo.

Su obra fue prohibida y figuró entre las obras que no podían leerse hasta el año 1822.
Copérnico murió a consecuencia de un ataque cerebral que lo paralizó durante unos días, y no alcanzó a ver su éxito. Su verdad solo se demostró con la inversión del telescopio, y con los trabajos de otras tres grandes figuras que lo sucedieron: Galileo, Kepler y Newton.