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Feminismo y ordenamiento jurídico: romper el espejo

01/05/2018 11:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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La teoría, ya sea en Ciencia Política o en Filosofía del Derecho, nos dice que en una democracia las leyes que rigen son un reflejo de una voluntad mayoritaria. Esta voluntad se expresa en elecciones libres, de las que resultan una serie de personas que legislan, a la vez que existe un sistema jurídico que garantiza que se cumpla lo legislado.

Podríamos decir que la sociedad de un Estado se mira en el Derecho vigente como en un espejo que refleja, a través de sus normas y procedimientos, su sentir mayoritario respecto de la cultura, la economía, la ética, la justicia, la moral, la política y demás rasgos ideológicos.

Para creernos que la imagen que nos devuelve ese espejo es ajustada a nuestra realidad como sociedad es necesario que el sistema jurídico, con sus normas y sus tribunales, se presente como un sistema con códigos y operadores neutrales y objetivos, en una secuencia que sería algo parecido a esto:

Pueblo?elecciones?representantes?leyes tribunales

Así, la parte política acabaría con la aprobación de las leyes, transformándose, desde entonces, en una dimensión técnica, donde el operador (juez) aplica un código exacto. De la percepción del correcto funcionamiento de este sistema depende su propia supervivencia, es decir, de que nos lo creamos depende su asunción.

Pero este sistema produce, también, un efecto en un sentido inverso, cuando son las normas aprobadas las que producen una determinada conformación de la sociedad. A través de ramas como el Penal, el Administrativo o el Tributario, el Derecho también va dando forma a un tipo homogéneo y uniforme de sociedad, en lo que se conoce como su fuerza o propiedad preformativa. Lo estamos viendo de una manera muy nítida, por ejemplo, a través del endurecimiento de las sanciones y penas a ejercicios conflictivos o polémicos de la libertad de expresión. A través de esas sanciones, se va configurando el marco de lo que se puede o no hacer, pensar o decir. Retomando la metáfora, sería como si el espejo te devolviese una imagen que no eres tú, forzándote a que tengas que encajar en ella, produciendo una especie de trastorno dismórfico corporal, pero aplicado a los marcos cognitivos y conductuales de la sociedad.

Esta propiedad performativa del Derecho encuentra un terreno abonado para operar cuando impera un clima o una cultura hegemónica, fomentada en la sociedad por los medios de comunicación o los Poderes del Estado. En el caso de la prisión permanente revisable, sucesos como los asesinatos de menores generan este clima favorable. También la polarización social en torno a conflictos como el de Cataluña dan pie a que las interpretaciones de la legislación (código) por los tribunales (operadores) se desvíen y pierdan su pretendida neutralidad, como sucede a la hora de interpretar que el procés es un alzamiento violento (cuando a todas luces no lo es) para conseguir que encaje en el delito de rebelión.

Aún así, sucede a veces que lo que era una cultura hegemónica comienza a cambiar. La imagen que nos devuelve el espejo es manifiestamente diferente a la que proyecta la sociedad, siendo tan grosera la deformación que la propia sociedad (o una gran parte de ésta) se niega a tener que encajar en ella. Y éste es el caso del movimiento feminista, como en su momento lo fue ?por citar otro fenómeno semejante, aunque menos interseccional? el del matrimonio igualitario.

La Sentencia del caso de La manada ha puesto de manifiesto que el sistema jurídico está desfasado a la hora de interpretar y operar sobre la libertad sexual de la mujer. La interpretación de la violación como un "abuso sexual continuado" deja al descubierto las incongruencias entre lo que el Derecho entiende por agresión y lo que va calando en la mayoría de la población, fruto de un esfuerzo titánico de las mujeres por escapar de la categoría "cosa" dentro del mundo de la sexualidad. No es una cuestión de años de cárcel (cuantitativa) sino de calificación de la agresión (cualitativa). Es una pugna por redefinir conceptos arraigados en el derecho desde la cultura patriarcal que lo ha creado y aplicado hasta la fecha.

De la misma forma, el movimiento feminista ha conseguido poner encima de la mesa la revisión de realidades que dábamos por sentadas y por justas, es decir, por normales: el reparto de los cuidados, el acceso al mundo del trabajo, las remuneraciones, la crianza, el deporte... Muchas de las discriminaciones machistas que ahora conseguimos ver y señalar vienen a estar toleradas o fomentadas por el sistema jurídico, de manera expresa o tácita, por acción o por omisión, ya sea por las leyes aprobadas o por la interpretación que pudieran hacer los tribunales de las mismas.

La imagen machista que el Derecho nos quiere devolver, cuando nos miramos como sociedad ante el espejo, se parece cada vez menos a la que el movimiento feminista intenta construir y, en lugar de seguir aguantando y sufriendo esta "performación", han decidido (hemos decidido) transformarla. Aunque esto suponga romper el espejo.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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1689
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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