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El misterio de los emparejamientos en el jazz

10/03/2018 04:53 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Traducir las sensaciones musicales a palabras es una tarea endiabladamente compleja. En un artículo anterior, abusé de la sinestesia para captar las diferencias entre los grandes pianistas de la historia del jazz. Volviendo a la física clásica de Aristóteles, invité al lector a que se dejara llevar por las asociaciones entre los cuatro elementos fundamentales, el aire, el agua, el fuego y la tierra, por un lado, y los estilos y personalidades de los músicos de jazz por el otro. Así, por mencionar los tipos puros, el piano de Bill Evans se presentaba como agua, el de Art Tatum como aire, el de Oscar Peterson como fuego y el de McCoy Tyner como tierra. Para redondear la comparación, añadí que el quinto elemento, el elemento sutil por excelencia, el éter, era el swing, esa fuerza del jazz que atraviesa el cuerpo y se apodera de él, haciéndonos sentir ligeros, como si nuestras extremidades se mecieran con la cadencia de un fluido.

Es tarea futura mostrar que los cuatro elementos pueden ayudarnos a comprender los estilos tan variados que se encarnan en otros instrumentos de jazz, desde el saxofón hasta la voz humana. Hoy les propongo algo un poco distinto, un recorrido por el misterio de los emparejamientos.

No han faltado ocasiones a lo largo de la historia del jazz en las que reunir a dos grandes músicos. Unas veces el emparejamiento funciona y se produce una especie de epifanía musical, pero otras la cosa no tira, el resultado es ni fu ni fa.

Empecemos con un ejemplo precioso de dos emparejamientos de grandes entre los grandes: en ambos casos interpretaron el mismo tema, un clásico del jazz, "All the things you are", lo que facilitará mucho la comparación. El primer emparejamiento es el de Art Tatum al piano y Ben Webster al saxo tenor. Tatum expone el tema como acostumbra, de forma barroca, los acordes y arpegios son como volutas de humo caracoleando en el aire; hacia el minuto 1:20, en medio de esa atmósfera cargada, entra el saxo pesado y terroso de Webster. El contraste entre la gravedad del saxo y las cabriolas del piano produce un efecto mágico. Webster se mueve como un elefante, Tatum como un pájaro. El resultado es una de las muchas joyas del jazz. El productor y empresario Norman Granz juntó a Tatum con otros muchos músicos, pero nunca se consiguió una "química" tan perfecta como en el emparejamiento con Webster.

"All the things you are" lo interpretaron también otros dos gigantes, Bud Powell y Coleman Hawkins, en el concierto de Essen de 1960, acompañados al bajo por Oscar Pettiford y a la batería por Kenny Clarke, un grupo de lujo. Interpretan el tema a mucha mayor velocidad. El nivel musical es muy alto, qué duda cabe, pero no alcanza la cima de Tatum y Webster. Hawkins presenta el tema y a continuación se lanza a un solo muy intenso, dotado de gran fuerza, y luego le sigue Powell. Son dos buenos solos, pero no son especialmente diferentes de otros muchos que puedan encontrarse en las decenas de grabaciones que tenemos de ellos por separado.

¿Por qué funcionó mejor Tatum/Webster que Powell/ Hawkins? Podría haber sido porque los músicos no se compenetraron por igual, porque aquel día no les llegó la inspiración, porque estaban fatigados... De acuerdo, todo eso podría haber ocurrido. Pero había una razón más profunda. El piano de Tatum es aire, el saxo de Webster es tierra: el contraste resultante no puede ser mayor. En cambio, Powell y Hawkins tocaban ambos movidos por el fuego (con un toque de tierra en los dos, para decirlo todo). Justamente porque sus personalidades musicales no eran tan distintas, no se produce el milagro de la combinación de los opuestos.

El lector escéptico que no acabe de convencerse debería probar esta tercera versión de "All the things you are", en esta ocasión a cargo del Modern Jazz Quartet. Es uno de sus temas clásicos de primera hora, todavía con Kenny Clarke a la batería. Aparte de la elegancia del arreglo, marca de la casa, el tema se sostiene sobre la tensión musical que se crea entre el fuego de Milt Jackson al vibráfono y el agua de John Lewis al piano. Una vez más, la convivencia de los opuestos.

El piano de Tatum es aire, el saxo de Webster es tierra: el contraste resultante no puede ser mayor. En cambio, Powell y Hawkins tocaban ambos movidos por el fuego

En general, los emparejamientos fallidos se han producido cuando los dos músicos procedían del mismo elemento. No funcionó bien el emparejamiento entre Bill Evans y Stan Getz porque los dos son agua. Tampoco funcionó bien el emparejamiento entre Lionel Hampton y Oscar Peterson porque los dos son fuego. Y, aunque los expertos se me echen encima, creo que nunca funcionó bien el emparejamiento entre Thelonius Monk y John Coltrane porque los dos son mezclas rarísimas de tierra y aire. Para el crítico y el musicólogo será fascinante contemplar el aprendizaje armónico del joven Coltrane al lado del viejo maestro, pero creo que musicalmente la fórmula no acaba de funcionar.

Miles Davis, que era un tipo inteligentísimo, se dio cuenta, a su manera, del poder de los contrarios y por eso quiso a Coltrane a su lado. En el quinteto clásico, el contraste entre los solos estilizados de Davis y los solos torrenciales de Coltrane generaba una profundidad musical en el grupo que todavía hoy nos deja pasmados. Uno de mis temas favoritos del grupo es "Stella by Starlight", de la época en la que Bill Evans se sumó al piano, ejerciendo un fuerte hechizo sobre Davis. Davis presenta el tema, con la sordina puesta, y en el minuto 1:44 entra el torbellino oscuro de Coltrane. En ese instante en el que los dos genios se dan el relevo se consuma la magia del jazz. La trompeta de Davis es agua, el saxo de Coltrane mezcla de tierra y aire. En el minuto 3:05 vuelve el agua de Evans. Se mire como se mire, el tema es una maravilla, gracias precisamente a esa combinación tan explosiva de contrarios.

¿De dónde, si no, procede el poder de fascinación que tenían Billie Holliday y Lester Young cuando estaban juntos? Escuchen una vez más The Man I Love: ella es la tierra, él es el aire.

Como despedida, les dejo un emparejamiento que escapa a todo intento de análisis, pues cuando se trata de Louis Armstrong, el genio en estado puro, no hay categorías ni sinestesias que valgan. Era el año 1928 y Armstrong y su orgulloso discípulo, el pianista Earl Hines, grabaron el primer dúo de la historia, "Weather Bird", afirmando el individualismo en el jazz, algo que ya nunca se perdería en lo que vino después. El jazz se estaba haciendo en aquellos momentos. A pesar de que haya transcurrido casi un siglo sigue resultando moderno. ¿Alguien puede explicar este resultado tan asombroso? Yo, desde luego, no.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (1729 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Reportaje
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