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Muertos sin nombre: ¿qué ocurre con los cadáveres sin reclamar?

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07/10/2019 17:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

ÁFRICA ALBALÁ

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Quedar desamparado y solo, olvidado por todos, es sin duda uno de los grandes miedos que acompaña al ser humano durante su existencia. Este temor al abandono ha sido durante siglos fuente de inspiración para miles de escritores de todos los géneros y ha supuesto un auténtico tormento para muchos. Pero, ¿qué ocurre cuando este desarraigo se produce traspasado el umbral de la muerte? Existen cadáveres que nadie reclama, de los que nadie se encarga y que a nadie interesan. ¿Qué sucede con ellos?

Cada año, un cierto número de fallecidos no es requerido por nadie y estos cuerpos pasan a ocupar una cámara frigorífica en un instituto anatómico forense o de medicia legal como invitados temporales, mientras las autoridades resuelven qué hacer con ellos. El futuro de estos cadáveres lo marca un juez, encargado de dictar una orden para determinar qué hacer con ellos en cada momento.

En la mayoría de los casos, estos cuerpos sin reclamar no han sido identificados o sus familias no quieren o no pueden hacerse cargo de ellos, explica a 20minutos el director del Instituto Anatómico Forense de Madrid, Eduardo Andreu.

"Es el juez quien inicia el proceso y determina el traslado del cuerpo al instituto", detalla Andreu, que señala que la mayor parte de los cadáveres no reclamados se hallan sin identificar, por lo que hay que averiguar durante la autopsia de quién se trata, para que el juzgado pueda avisar a su familia. Para ello, se recurre a la huella dactilar o dental o al ADN, y generalmente se consigue establecer quién es el fallecido.

Además de determinar la identidad del difunto en el caso de que sea necesario, esta autopsia permitirá fijar la causa y la data de la muerte y analizar otros detalles que puedan ayudar al esclarecimiento del fallecimiento.

Cuando la familia no se hace cargo

Inicialmente, el Instituto Anatómico Forense espera 15 días a que aparezca la familia o a identificar el cuerpo. Si transcurrido ese tiempo no ha ocurrido ninguna de las dos cosas, pone la circunstancia en conocimiento del juzgado de guardia para que determine el entierro social o comunique a Interpol la situación de ese cadáver para que pueda localizar a algún pariente.

En ocasiones ocurre que, localizadas e informadas las familias, estas no quieren hacerse cargo del cadáver ni del entierro. Problemas económicos, una mala relación con el muerto o que la persona que ha reconocido el cadáver no sea un familiar allegado, sino solo un conocido, son algunos de los motivos que pueden propiciar que nadie quiera responsabilizarse del finado. No obstante, son situaciones poco frecuentes.

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"Lo habitual es que las familias se hagan cargo del cadáver. Cuando no quieren o no se ha conseguido localizar a ningún pariente o no se ha podido identificar el cuerpo, son los Ayuntamientos o la Consejería de Justicia de la Comunidad de Madrid quienes se ocupan y celebran lo que se conoce como entierros sociales", detalla Andreu.

Concretamente, los Ayuntamientos se hacen cargo del difunto cuando las familias aducen problemas económicos para no ocuparse de él y cumplen una serie de requesitos establecidos por los consistorios. En caso contrario, es la Consejería la que corre con los gastos.

No obstante, ha de ser un juez quien indique qué hacer con el cadáver: inhumarlo o incinerarlo. "Los restos nunca se destruyen ni tampoco se donan a la ciencia", ahonda Andreu. El proceso completo desde que se localiza el cadáver hasta que se entierra o se crema dura una media de tres o cuatro meses, aunque puede prolongarse hasta un año.

El año pasado, la Comunidad de Madrid celebró 36 entierros sociales -24 correspondientes a procesos iniciados en 2018 y 12 a 2017 inacabados-, el Ayuntamiento de Madrid asumió los gastos de 48 y otros consistorios se ocuparon de 11, lo que asciende a 85.

Mayoritariamente extranjeros

El año pasado, llegaron al Instituto Anatómico Forense de Madrid 87 cadáveres sin identificar, de los cuales solo uno quedó finalmente sin nombre ni filiación. En su mayoría son personas extranjeras, que no tienen identificación y a las que no se puede identificar por la huella necrodactilar. "Cuando no son españoles, se pone en conocimiento de la Interpol para que localicen a las familias", apunta Andreu.

"El motivo más habitual para que lleguen sin identificar es que no presentaban documentación en el momento de la muerte. A veces fallecen en la vía pública y no llevan ninguna documentación", detalla.

Por el contrario, no existe una causa de muerte preeminente entre los cadáveres sin reclamar -en su mayoría sin identificar- ni un patrón respecto al estado de descomposición en el que son encontrados.

"Pueden ser cadáveres que estén muy bien conservados, que otros estén ya en estado de putrefacción, como cualquier otro tipo de cadáver", abunda el director del Anatómico Forense.


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