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24-05-2013

El Prestige, el juicio que cierra un naufragio y una marea negra de errores oficiales

Diez años después se ha señalado fecha para el juicio sobre el Prestige, aunque sus causantes no se sienten en el banquillo de los acusados

El 19 de noviembre 2002 el Prestige un petrolero procedente de San Petersburgo que transportaba una carga de 77.000 toneladas de fuel ruso, se partió en dos en las costas gallegas. Se trataba de un barco construido en Japón en 1976, con armador griego, sociedad en Liberia, bandera de Bahamas, capitán también griego y tripulación asiática. El buque había sido verificado positivamente en las oficinas marítimas de América del Norte y de Francia.

La catástrofe empezó el 10 de diciembre, casi una semana antes de que los dos pedazos del barco acabasen hundiéndose en el mar, con 14 grietas (9 en la proa y 5 en la popa), de las que salían 125 toneladas diarias de fuel. En la zona de hundimiento quedó una mancha de 57 por 18 kilómetros.

Pero empezando la novela negra del naufragio, el 13 de noviembre el petrolero monocasco avisó urgentemente a Salvamento Marítimo que el barco estaba en peligro de hundirse a 28 millas al oeste del cabo de Finisterre. El petrolero tenía una vía de agua y se encontraba en medio de un fuerte temporal, por lo que se iniciaron las medidas de rescate y los tripulantes fueron trasladados a Vigo y A Coruña. Los marineros aseguraron que el buque". Había chocado con algún objeto que abrió una grieta en la proa del casco y el agua empezó a inundar las bodegas".

Cuando el barco quedó a la deriva, con el motor apagado, se observaba ya una gran mancha de combustible a su alrededor y su suerte estaba sellada. Increíble, pero el mensaje del gobierno parecía tranquilizador llegando a garantizar que la marea negra no tocaría las playas gallegas y culpando a Gibraltar por negligencia en la inspección del petrolero.

El Ministerio de Fomento español nunca se salvará de la decisión de alejar al Prestige de la costa, dejándolo a merced de la marea, con los motores apagados. Esto se puede discutir ahora si fue una sabia decisión o un error, pero las actas de las reuniones del Gabinete de Crisis por sí solas hablan de errores e incapacidad sobre todo durante los tres días decisivos-13, 14 y 15 de noviembre. Esas actas harían incluso innecesario un juicio, y se presenten o no en el juicio que arranca el próximo mes de octubre. Algún periódico gallego ha mostrado su preocupación de que pueda desaparecen lo más delicado del sumario. Parecen que las autoridades judiciales han blindado el dossier completo por los intereses económicos, políticos, ecológicos, penales, etc… Tremendos en juego. Pero los escépticos dudan que salga a flote la verdad o se hunda como el Prestige. Los riesgos son incontables.

No hubo un plan bien estudiado para salvar nada. Y las iniciativas individuales fueron catastróficas

Volviendo hacia atrás las páginas de los hechos a noviembre 2002 el nombre del gabinete era nada menos que “Organismo Rector del Plan de Contingencia Nacional”.

Al día siguiente de recibir el SOS del capitán del barco Apostoulos Mangouras, el gabinete de crisis (Cecop), sin debate técnico y sin conocer la valoración de la situación estructural del buque, le ordenó que se abstuviera de buscar refugio en cualquier puerto gallego y se alejara a alta mar, sin cerciorarse que lo imposible era simplemente mantener el barco a flote.

Esos señores que lideraba el Director General de la Marina Mercante José Luis López-Sors, secundado por Arsenio Fernández Mesa, José Manuel Pérez (subdelegado), el jefe de gabinete Antonio Blanco y otros tres altos personajes, juzgaron que era mejor trasladar el Prestige mar adentro. No pensaron demasiado si peligraban vidas o la seguridad de la nave, sino que intentaban reducir los daños ecológicos y simplemente no querían que llenara de fuel un puerto español. Y se situaron al buque en aguas de competencia portuguesa. Aunque López-Sors sostuvo después otra versión. Será bueno, diez años después, oír su deposición ante los magistrados, en el “Juicio del Prestige”. De hecho es la única figura oficial en la escueta lista de imputados.

López Sors no escuchó la opinión de marinos experimentados de universidad que consideraron su decisión como un error

El 14 de noviembre el Director de la Marina Mercante explicó a los miembros del gabinete de crisis que “se ha dado la orden de alejamiento del Prestige”. Y ninguno de sus subordinados revisó o discutió tal decisión. Luego, en días sucesivos mantuvo que “está controlada la deriva del buque siniestrado, etc…” Días más tarde se debatió sobre si el Ejecutivo del gobierno Aznar había acertado al dirigir el buque hacia alta mar en lugar de acercarlo a un puerto y trasvasar allí en aguas tranquilas el petróleo de sus bodegas. López Sors no dijo nada de la conversación de diez minutos que sostuvo con el capitán marítimo Angel del Real quien había hablado telefónicamente con Martínez Mayán, profesor de Náutica de la Universidad de A Coruña, un experto bien preparado, quien desaconsejó absolutamente el trasvase del fuel en las condiciones metrológicas que escuchó, con vientos de 35 a 40 metros y olas de hasta ocho metros. Y que él sería partidario de llevar al barco a un puerto de abrigo.

Alejar el barco de la costa hizo pensar a todos los que sabían algo de náutica, que sin entrar en el aspecto seguridad del buque, los vientos y las corrientes podían llevar los vertidos no hacia el interior del océano sino hacia tierra y que si se hundía, como ocurrió, parte del combustible quedaría almacenado en sus tanques e iría saliendo por los boquetes del monocasco.

Pero, el hecho del hundimiento del petrolero, al que el propio presidente de la Xunta, Manuel Fraga, restó importancia con profusión de verborrea, se había de convertir en una gran tragedia, tanto ecológica como económica. Y según los científicos de universidad, la costa sigue indefensa.

El presidente del Gobierno, José María Aznar, prefirió no dejarse ver públicamente en Galicia hasta pasado un mes de que el Prestige se hundiera y, durante su visita afirmó que no bajaba a las playas porque "no quería molestar a los que limpiaban“. Y añadió una agudeza que le salió por la culata… De que “…eso es para los que quieren posar para la foto con los del chapapote". La pata que se añadió a las de Fraga y su banda fue una de tantas, porque al día siguiente el Rey Juan Carlos visitó Galicia y se dejó fotografiar con los que limpiaban las playas, predicando la solidaridad de todos los españoles.

Antes de acudir a la costa gallega, el presidente apareció en la televisión pública donde, utilizando un tono de humildad, asumió que el Gobierno pudo "cometer equivocaciones" y "llegar tarde". También prometió, "no escatimar recursos". Días después afirmó que las playas gallegas lucían inmaculadas.

Que Fraga no había dado la menor importancia al naufragio y lo prueba el hecho de que viajó a Madrid y es irrelevante si se fue a una cacería con sus amigos o no. Pero no se dignó visitar la zona afectada por los vertidos hasta ocho días después de que se desatara el desastre. Pero al volver aseguró que el gobierno tenía la situación bajo control.

Usando su tono irónico habitual, refiriéndose a su baño en aguas de Palomares después de que un avión norteamericano dejara caer accidentalmente tres bombas atómicas, Fraga dijo que en el desastre del Prestige si no se metía en aguas de Galicia era por miedo a constiparse. Por cierto, que la historia de su baño en Palomares acompañado del Embajador de Estados Unidos en Madrid fue una gran mentira, respaldada por una célebre foto pues el baño jamás tuvo lugar en la playa de Palomares sino en otra playa cercana a Cádiz y alejada de cualquier peligro.

Dos afirmaciones tajantes de la Ministra de medio ambiente, Elvira Rodríguez, un año después dejaron ver que el gobierno seguía moviéndose a la defensiva. La primera anunciaba los primeros 14 proyectos para regenerar los espacios naturales limpios. “Se restaurarán los espacios protegidos”. A esa promesa siguió la afirmación de que “las costas quedarán, incluso, mejor que antes. Tales anuncios los respondieron los ecologistas con Greenpeace a la cabeza diciendo en síntesis... ¿no hubiera sido mejor evitar la catástrofe en lo humanamente posible?.”

También anunció que la Xunta había reservado 60 millones de euros de los presupuestos de 2003 para aminorar los daños causados por el Prestige. Y la Fundación oficial “Arao” de ayuda a los damnificados, que dirigía un sobrino-nieto de Fraga, declaró que pensaba canalizar sus fondos por medio del PP y aunque no publicó cifras advirtió la presencia del partido de Aznar por medio de comisiones, inspecciones, control…

Y la ministro de Medio Ambiente centraba su acción en dos sentidos: alejar a la UE de toda investigación oficial aunque los ecologistas gallegos y vascos, verdes europeos, le pedían con toda razón, elevar el caso del desastre a nivel europeo, lo mismo que la organización gallega “Nunca Mais” Medio Ambiente temía la idea.

Pero los oficialistas no pudieron evitar que la American Bureau of Shipping, la entidad clasificadora del Prestige acusara al gobierno de Aznar de negligencia grave y directa..” atribuible al fracaso del gobierno español de no activar adecuadamente el plan contra vertidos de combustible al que le obliga la propia legislación española”, añadiendo que ...” la decisión de negar al barco el acceso a un lugar de refugio fue una clara violación de sus derechos y el gobierno actuó de forma muy negligente en su respuesta al accidente”. Añadía también que España debía haber previsto, que en su decisión de alejamiento de la costa, eso podía causar contaminación en Francia, Portugal y Reino Unido. El gobierno español no solo violó sus propias leyes sino también la Convención de la Ley del Mar de Naciones Unidas y la Convención de Salvamentos de 1989”.

Antes de hundirse, partido en dos, el buque fue vertiendo petróleo en las playas a medida que se abrían grietas y algunos pescadores, como los percebeiros, ya temían las consecuencias. Y la ayuda más eficaz vino de los vascos que recaudaron por todos los medios imaginables, incluso con la organización de masa coral vasco-gallega, con gran éxito de audiencia. Se trataba de evitar que el hambre sacudiera al pueblo de Galicia, en especial a las familias de pescadores.

Fraga Iribarne, Rajoy, Trillo, Cascos, y el porqué condenaron al Prestige a no entrar en el refugio de un puerto y dejarlo a merced de las mareas

Según el portavoz del Bloque Nacionalista Galego (BNG) en el Congreso, Francisco Rodríguez, se calcularon 126.000 afectados, sólo en el sector pesquero. Son cifras que, en el conjunto de las actividades económicas de Galicia, sobrepasan el 10% del PIB de esta comunidad y superó los 2.000 millones de euros.

El Prestige terminó en dos pedazos en el fondo del Atlántico, a 133 millas del cabo de Finisterre y, aunque las cifras oficiales no fueron precisas, se deduce que el petrolero se hundió con unas 60.000 toneladas de fuel, de las 77.000 que transportaba en un principio. A mediados de diciembre, el gobierno de España alquiló a las autoridades de París, por 1, 2 millones de euros, el submarino francés Nautile, batíscafo y el presidente del Comité Científico Emilio Lora-Tamayo anunció con gran despliegue de medios que el Nautile iba a tapar las 14 grietas del barco hundido en unas 20 inmersiones y que esa operación era prioridad absoluta.

Añadió que el fuel “solo fluye por las grietas de la cubierta y su forro está intacto”. Pero esa afirmación era inexacta pues si barco estaba partido en dos, como lo mostraban las fotografías, era imposible que el casco no mostrara grietas.

Tras sumergirse varias veces donde se hundió el Prestige, los responsables del Nautile afirmaron que el barco ya no perdía petróleo, lo cual era otro gran embuste, porque el chapapote siguió llegando a toda la costa en oleadas que dependían de las mareas, el viento y de las condiciones metereológicas.

Se pensó que las altas presiones que soportaba y la baja temperatura podrían haber logrado que el fuel se solidificara pero, un tiempo después, se comprobó que existían grietas en la popa del petrolero por las que se podían liberar las 50.000 toneladas de combustible que todavía permanecían en los tanques del Prestige.

Mariano Rajoy, coordinador del Gobierno para hacer frente a la crisis, admitió en el Congreso que de la proa del buque salían "cuatro hilillos como de plastilina". Estos hilillos de fuel se transformaron en un flujo que, diariamente, desprendía 125 toneladas de combustible.

El comité científico del Gobierno estimó que, a la temperatura en la que se encontraba el Prestige, el combustible podría estar saliendo a la superficie hasta el año 2006.

Muchos tramos costeros de Galicia resultaron seriamente dañados por la catástrofe del Prestige, no sólo debido a la contaminación por fuel, sino también a la ejecución de las tareas de limpieza sin tener en cuenta consideraciones ambientales, especialmente durante los primeros meses. La recogida de fuel, en la que colaboraron voluntariamente decenas de miles de personas llegadas de todos los rincones de Europa y hasta de América.

Hubo contingentes de seis universidades europeas en las playas y el sistema coordinado de voluntarios tuvo que establecerse a partir de noviembre 2002 y los de Italia, Alemania y Bélgica y conforme la mancha siguió avanzando se organizaron mesas redondas, exposiciones de fotografías, intercambios ecológicos y médicos.

Más adelante los especialistas en epidemiología aconsejaron hacer un seguimiento de las 300.00 personas que ayudaron en la recogida de fuel y en especial los ciudadanos procedentes de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco, porque hubiera sido imposible llegar a los 2.000 voluntarios del extranjero. Un año después la opinión de los científicos era unánime: las costas afectadas por la marea negra siguen indefensas.

La capacidad de recuperación del medio fue mucho menor de la esperada, como ocurrió con el Exxon-Valdez, pero se consiguió reducir en medida significativa los daños ambientales aparentes, aunque la huella de la marea negra según los ecologistas duraría diez años. No ha desaparecido totalmente.

Los vertidos del Prestige afectaron al litoral cantábrico, siendo esa la comunidad más perjudicada. El fuel alcanzó a 35 playas y 21 sectores de costa rocosa, con un 97% de los arenales afectados, siendo todavía visibles durante años en algunas playas de arena o de cantos rodados.

Las playas de Euskadi quedaron hechas una pena que sirvió para probar una vez más la solidaridad de los vascos. La cantidad de fuel recibido fue tal que un año después de la llegada de la primera marea negra se podía seguir observando fuel en todos estos puntos, en 23 de ellos de forma muy importante. Cinco años después, las huellas del Prestige todavía resultan visibles en zonas rocosas.

La palma en la capacidad de recuperación se la llevó Donostia (San Sebastián) fue la primera ciudad del estado que consiguió el certificado del registro europeo EMAS, por su trabajo de gestión y esfuerzo medioambiental en una crisis de marea negra de ese calibre.

Las secuelas de la falta de protección durante las tareas de limpieza

Las autoridades oficiales no consideraron adecuadamente desde el primer momento los efectos potenciales de la exposición más o menos prolongada al fuel durante las operaciones de limpieza. Éstas se realizaron, en muchos casos, sin adoptar medidas de protección eficaces, lo que no sólo provocó afecciones de forma inmediata (irritaciones, dermatitis...), pues se ha podido comprobar que la exposición al fuel no ha sido irrelevante para la salud a largo plazo.

Así, un estudio de la Universidad de A Coruña reveló la existencia de alteraciones genéticas y hormonales. Otro estudio de un equipo de investigadores de varios hospitales y centros de investigación realizado entre marineros y mariscadoras de Galicia detectó problemas respiratorios (tos crónica, dificultades para respirar por la noche...) dos años después del vertido.

Una de las lecciones importantes de la catástrofe del Prestige es que no se deben minimizar los perjuicios para la salud humana de la exposición al petróleo y sus derivados, y profundizar en el conocimiento de las secuelas de la exposición al fuel del Prestige y garantizar toda la asistencia necesaria a las personas afectadas.

La universidad de Cantabria desarrolló un programa de seguimiento ambiental en rías y estuarios, zonas rocosas y playas. Los resultados de estos trabajos establecieron en un principio que no se observaba variaciones importantes en los ecosistemas marinos durante el período de estudio. La validez de estos resultados era muy cuestionable, y no aportaron una verdadera información sobre la afección a los ecosistemas marinos, puesto que no existían datos previos sobre el estado real de estos ecosistemas.

Además, el seguimiento de la evolución de estos ecosistemas se abandonó, por lo que será imposible determinar el alcance real de esta catástrofe. De hecho, el fuel que seguía enterrado en arenales y en los fondos marinos no se cuantificó, y obviamente continuó actuando como un contaminante con efectos crónicos sobre los organismos del medio marino, pues en navidad de 2003, un año después de la catástrofe, mientras la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA), afirmaba que después de 40.000 inspecciones -ni una más ni una menos- “no hay riesgo alguno en consumir productos marinos o de otra clase de Galicia”. Esto contradecía la afirmación de los investigadores de la Universidad de A Coruña de que los niveles de hidrocarburos aromáticos del fuel del vertido están ya en la cadena trófica.

Es decir se hallan en el alimento digerido por las bacterias y otros microorganismos. Y es seguro que se han incorporado al resto de las especies marinas. Y esos agentes son cancerígenos. Y por no llamar mentiroso a nadie se dijo eufemísticamente que “la metodología utilizada por las universidades gallegas y las oficiales españolas deben ser diferentes”.

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Autor: Diasporaweb (602 noticias)

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