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Sol y playas a 90 millas y un poco más..

13/09/2012 06:04

0 A pesar del embargo estadounidense, Cuba seduce a cada vez mayor número de turistas. Y son precisamente los ciudadanos norteamericanos los perdedores por no presentación

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Al no poder brincar “el charco” a módicos precios para descubrir que, si bien la vecina insular es imperfecta y humilde como para no ofrecer una francachela de excesos, desborda atractivos, seguridad, cariño y singularidades que ocultan con saña ciertas malas lenguas tarifadas en el negocio del vituperio.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información de Cuba, en los primeros 7 meses de 2012 visitaron la Isla –más bien el archipiélago con sus paradisíacos cayos “hemingueyanos”– 1 842 202 turistas; lo cual, comparado con igual período del 2011, representa un incremento del 5, 4 por ciento. Canadá sigue liderando la emisión, con un 41 por ciento de los visitantes, a costa de la gran ausencia norteamericana. Y aunque tradicionales emisores como Inglaterra, Italia y España han disminuido sus cifras, quizás producto de la crisis económica europea, Alemania y Francia aumentan su participación. Y la Argentina, con un 41 por ciento de incremento de turistas con respecto a igual período del 2011, va consolidándose entre los principales socios turísticos, escoltada por Rusia. Más turistas, pero mayores ingresos Calificada como “la locomotora” de la economía cubana desde mediados de los 90 del pasado siglo hasta los primeros años del presente, la industria turística, sin dejar de ser una importante fuente de ingresos en divisas a la economía cubana, ha cedido en los últimos años la primacía en tal sentido a la exportación de servicios profesionales, principalmente en salud, gracias al competente capital humano de la pequeña nación. Hoy el quebradero de cabezas de los estrategas del turismo cubano es que el incremento en el número de visitantes vaya acompañado de aumentos superiores en los ingresos asociados. O sea, no solo que vengan más, si no que dejen mucho más en las arcas de la nación. Y, aunque las entradas por ese concepto se incrementaron en 12, 8 por ciento en 2011 con respecto a 2010, sobran las evidencias de que aún son insospechadas las reservas de mayores valores agregados en tal sentido. Estudiosos de “la industria sin chimeneas” señalan que una parte muy sustantiva del valor de esos servicios quedan en manos de los turoperadores y las agencias de viaje internacionales, que realizan el marketing y la promoción de venta fundamental, mediante paquetes todo incluido. Por ello se insiste, no siempre con resultados palpables, en la necesidad de diversificar las ofertas cubanas, más allá del tradicional turismo de sol y playa, con un énfasis mayor en el cultural, el de salud y el ecológico, que tanto pueden ofrecer al mundo. Todo incluido… y mucho más La existencia de paquetes ya predeterminados con turistas ya asignados a atender en todo incluido, unido a las amarras de la excesiva centralización, el escaso margen de operatividad y la imposibilidad de manejar criterios más flexibles en cuanto a la estimulación de la fuerza de trabajo –a los cuales no escapan aún las entidades turísticas cubanas aunque tengan sus esquemas de financiamiento cerrados–, limitan la creatividad y la iniciativa del empresariado en buscar filones. A ello se le suma el que aún el gran propósito descentralizador del desarrollo local sea solo eso: un propósito. La red de recreación por iniciativa territorial se verá sumamente diversificada, cuando echen a andar los proyectos autosustentables de las administraciones locales, con participación popular; lo cual sería un gran complemento, derramador de riquezas y concatenador de eslabones, a lo largo y ancho del país. Y, a su vez, cuando las entidades turísticas enclavadas en cada territorio alimenten el financiamiento local con sus contribuciones, la ciudadanía verá una relación más cercana entre los ingresos por ese concepto y el progreso y desarrollo del terruño o la comunidad. Porque, muchas veces quienes conciben los programas turísticos globalmente, soslayan que la vivencia del visitante no está confinada solo a los hoteles y cayos. Y su aceptación del país se cimenta o se mina también en nuestras calles y barrios. No puede haber un paraíso entre cristales, y a las 3 cuadras el deterioro higiénico ambiental, los salideros de agua o los baches en el centro de la vía, para poner ejemplos palpables. También la estrategia turística cubana no puede sostener una gestión hegemónicamente estatal, sin percatarse de que a la “industria sin chimeneas” ha tocado a la puerta, y con empuje, el trabajo privado. De los más de 390 mil trabajadores por cuenta propia del país, los arrendadores de viviendas, principalmente con fines turísticos, están entre las 5 actividades más recurrentes. En mayo pasado, el periódico Trabajadores informaba que más de 5 mil habitaciones se arrendaban por particulares y 1 600 restaurantes privados o paladares competían en comensales, tanto nacionales como foráneos, con las grandes cadenas estatales del país. Debe continuar favoreciéndose la gestión de este sector no estatal, con mayores facilidades para la reproducción de su capital y el margen de utilidades que, al final, son garantes de ingresos tributarios a las arcas de la nación. Está claro que es casi una proeza desarrollar el turismo en Cuba, en medio de un panorama internacional impredecible, con tantas dificultades económicas y bajo la férula del embargo estadounidense, que impide la visita de sus ciudadanos, los más cercanos turistas potenciales. Pero lo principal está acá: la belleza del país, y el talante y virtud de su gente. Lo otro es saber ofertar esos productos inclonables con inteligencia, audacia y flexibilidad, burlando mil zancadillas externas, y desmontando también las internas: Sobre todo, con elevada autoestima y soberanía. Cuba es mucho más que sol, playa y rumberas. Cuba es mucho.

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